18 años sin Aravaca: recordando los últimos días del taller de Talgo

Fue en un mes de abril, el del año 2001, cuando Patentes Talgo ordenó la clausura de su legendario taller.

Imagen de archivo del desaparecido depósito de locomotoras de Talgo en Aravaca (Madrid).

Foto: JCC

La historia ferroviaria de Aravaca (Madrid) está unida en gran medida a Patentes Talgo. El apeadero de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, después de Renfe, contaba con unos amplios terrenos anexos con autorizado uso industrial, donde primero, antes de la Guerra Civil, se instaló una base de la Compañía Internacional Wagons Lits y después, unos metros más lejos de los andenes, se ubicó el taller principal de Patentes Talgo. Esta circunstancia ocurrió en noviembre de 1949, y Patentes Talgo permaneció allí hasta abril de 2001, más de medio siglo. La clausura del que había sido un punto neurálgico en el devenir industrial de la empresa de la familia Oriol se debió a que las instalaciones se habían quedado pequeñas y vetustas, mientras que crecían las abiertas en Las Matas, hasta el punto de reunir allí dos talleres, Las Matas I y Las Matas II.

Una pormenorizada historia del taller de Aravaca se encuentra recogida en el libro ‘Locomotoras Diésel (X). Series Renfe 2000T, 3000T y 354. Trenes BT. Talgo III y Talgo Pendular’, obra escrita por Juan Carlos Casas y Lluís Prieto que fue editada en el año 2017. En sus páginas quedan reflejadas las experiencias de varios trabajadores, tanto de la propia Talgo como maquinistas de Renfe que allí iniciaban y terminaban su jornada laboral. Uno de los secretos del alabado funcionamiento del taller con respecto a los índices de fiabilidad de las locomotoras diésel allí mantenidas era la estrecha comunicación que se daba entre los mecánicos de la empresa privada y los maquinistas de la pública, lo que servía para completar un mantenimiento corrector antes de producirse la avería que podía llegar a inmovilizar la locomotora. “Así era, sí señor”, remarca Isidoro Herrero Nieto, el último Jefe de Base de Aravaca, hoy en día ya jubilado: “Era un orgullo que el taller tuviera con su dotación un grado de fiabilidad tan alto”.

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